
Lily Torres, diseñadora de Espacios y Objetos de la Universidad del Desarrollo. Fundadora de Upamocs, marca de calzado ergonómico infantil fabricado en Chile.
A lo largo de su trayectoria profesional también ha desarrollado proyectos de iluminación, interiorismo y visualización de espacios, consolidando una carrera en la que el diseño, la innovación y el emprendimiento se encuentran con un propósito común, crear soluciones pensadas para las personas y contribuir a su bienestar.
La creatividad siempre estuvo presente en la vida de esta Alumni. Desde niña disfrutaba pintar, trabajar con las manos y desarrollar actividades artísticas que despertaban su imaginación. Sin embargo, no fue hasta el momento de elegir una carrera universitaria cuando comprendió que esa sensibilidad creativa podía transformarse en una profesión.
Tras rendir la PSU, visitó la Universidad del Desarrollo con la intención de postular a odontología. Sus buenas notas y puntajes la hacían pensar que ese sería su camino. Durante aquella visita ocurrió algo inesperado, conoció la Facultad de Diseño, poco sabía sobre la disciplina, una conversación con el director de carrera bastó para cambiar su futuro. “Encontré una carrera que fusionaba perfectamente mi lado artístico con el racional. Descubrí una disciplina que me permitía crear soluciones útiles e innovadoras, con infinitas posibilidades de desarrollo”.
Desde sus primeros años en la UDD, Lily comprendió que el diseño iba mucho más allá de la estética. Aprendió a observar, investigar y comprender las necesidades de los usuarios antes de plantear soluciones. Esa mirada centrada en las personas se transformó en una de las bases fundamentales de su trabajo y continúa guiando cada uno de sus proyectos. “La UDD me entregó herramientas para abordar los problemas desde una perspectiva centrada en el usuario. Esa forma de trabajar ha sido fundamental durante toda mi carrera”.
Uno de los hitos más significativos de su etapa universitaria fue su proyecto de título, una iniciativa que combinó investigación de usuarios, desarrollo de materiales y diseño de producto para abordar una problemática concreta mediante una propuesta innovadora. El trabajo alcanzó reconocimiento internacional al ser exhibido en Milán y, posteriormente, obtuvo una convocatoria de la Universidad del Bío-Bío para explorar nuevas posibilidades de fabricación. “Fue el primer proyecto que me hizo sentir realmente orgullosa. Logré integrar investigación, innovación y desarrollo de producto para resolver una necesidad real. Me permitió comprender el verdadero alcance que puede tener el diseño cuando está bien fundamentado”.
“Me permitió comprender el verdadero alcance que puede tener el diseño cuando está bien fundamentado”.
Tras egresar Lily comenzó a desarrollar su carrera en distintos ámbitos de la disciplina. Durante varios años trabajó diseñando soluciones lumínicas para proyectos residenciales, comerciales y patrimoniales, experiencia que le permitió profundizar en una especialidad que hoy considera fundamental para el bienestar de las personas.
En paralelo, complementó su formación profesional con un Diplomado en Fabricación Digital, Diseño y Producción de Prototipos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, ampliando sus herramientas y conocimientos para abordar el desarrollo y materialización de nuevos productos.
Sin embargo, el gran punto de inflexión llegó en 2020. La pandemia paralizó gran parte de la actividad económica y muchos proyectos quedaron suspendidos indefinidamente. En medio de la incertidumbre, Lily decidió retomar la idea de crear una marca de calzado ergonómico infantil fabricado en Chile. “Estaba completamente dedicada a proyectos de iluminación, pero con la pandemia todo se detuvo. Había mucha incertidumbre y fue necesario buscar nuevas alternativas. Entonces decidí apostar por fabricar zapatos ergonómicos de cuero, ya que creía en el potencial del proyecto. En un par de meses esta idea tenía nombre, logo e imagen, la primera colección fabricada, y el registro de marca en tramitación. Fueron meses de mucho trabajo, pero valió completamente la pena”.



Así nació Upamocs, una marca que responde a una necesidad concreta. En aquel momento existía muy poca oferta de calzado ergonómico infantil en Chile y gran parte de los productos disponibles eran importados. Además, muchos de ellos no respetaban las características anatómicas que requiere un pie en desarrollo. Lily detectó allí una oportunidad para crear una alternativa diferente, zapatos diseñados desde la investigación, fabricados localmente y desarrollados específicamente para acompañar el crecimiento natural de los niños.
Su experiencia previa resultó fundamental para concretar este proyecto. En 2012 había realizado su práctica profesional en una fábrica de calzado. Sin saberlo, estaba adquiriendo conocimientos que años más tarde serían esenciales para crear su propia marca. “Aprendí cómo se fabrica un zapato desde cero. Conocí los materiales, los procesos y los desafíos productivos. Todo ese conocimiento fue clave para desarrollar Upamocs”.
Desde sus inicios, apostó por una propuesta diferenciadora. Los zapatos son fabricados en Chile utilizando cuero de alta calidad y materiales naturales cuidadosamente seleccionados. Uno de los principales atributos de Upamocs es su diseño ergonómico. A diferencia de muchos modelos tradicionales, incorpora punteras amplias que permiten que los dedos se muevan libremente. Además, las plantas son flexibles y acompañan el movimiento natural del pie. La comodidad también está relacionada con la selección de materiales. Los zapatos cuentan con forros de cuero que permiten una adecuada respiración, evitando la acumulación de humedad y mejorando significativamente la experiencia de uso. Upamocs no se diferencia únicamente por su funcionalidad. También existe una propuesta estética cuidadosamente desarrollada. Lejos de los diseños infantiles recargados, la marca apuesta por líneas simples, colores neutros y una identidad atemporal que privilegia la calidad y el diseño.
La respuesta de las familias no tardó en llegar. Con el paso de los meses, Upamocs comenzó a consolidarse como una alternativa para padres que buscaban opciones más saludables y respetuosas con el desarrollo de sus hijos. “Muchos padres nos comentan que sus hijos tienen pies gorditos o empeines altos y que les cuesta encontrar zapatos cómodos. Nuestros diseños responden justamente a la forma real del pie infantil, por eso el calce suele ser uno de los aspectos más valorados”. Los testimonios de los clientes se han transformado en una de las principales fuentes de motivación para la diseñadora. Algunos padres le cuentan que sus hijos comenzaron a gatear o caminar utilizando sus zapatos; otros destacan que son los únicos que los niños no intentan sacarse o que mantienen los pies secos incluso después de largas jornadas de uso. “Cada mensaje que recibimos es una confirmación de que estamos haciendo las cosas bien. Saber que estamos aportando al bienestar de los niños es una enorme satisfacción y cuando los veo usando mis zapatitos, de verdad me reconforta el alma”.
“Cada mensaje que recibimos es una confirmación de que estamos haciendo las cosas bien”
Desarrollar una marca de fabricación nacional no ha estado exento de desafíos. Uno de los más importantes ha sido rescatar y mantener vivo el conocimiento asociado al oficio zapatero. Según explica Lily, durante décadas la fabricación de calzado en Chile se fue reduciendo debido a la competencia de productos importados y a la creciente industrialización de los procesos productivos. Como consecuencia, gran parte de los conocimientos artesanales comenzaron a desaparecer. “Antes estos oficios se transmitían de generación en generación. Hoy eso ocurre cada vez menos. Muchos artesanos tuvieron que cambiar de actividad y las nuevas generaciones no siempre muestran interés en continuar con estos trabajos. Existe un riesgo real de perder conocimientos muy valiosos”.
Para ella, el diseño tiene un papel fundamental en la recuperación de estos saberes. A través de productos innovadores y de mayor valor agregado es posible volver a posicionar la fabricación local y demostrar que la calidad, la identidad y el trabajo artesanal siguen teniendo espacio en el mercado.
Otro desafío importante fue incorporar conceptos ergonómicos a una industria tradicionalmente acostumbrada a fabricar zapatos de una determinada manera. La filosofía barefoot o de calzado respetuoso cuestiona varios elementos históricamente presentes en la fabricación convencional. Por ejemplo, propone punteras más amplias, plantas completamente flexibles y la eliminación de tacos o amortiguaciones excesivas.
Implementar estas ideas no fue sencillo. Muchas de ellas implicaban modificar procesos que llevaban décadas realizándose de la misma forma. “Para los artesanos también fue un desafío. Había dudas respecto al resultado final porque implicaba cambiar metodologías muy arraigadas. Pero después de muchas pruebas, muestras y prototipos logramos desarrollar un producto funcional, cómodo y coherente con nuestra visión”.



La marca trabaja con materias primas nacionales y comunica de manera abierta el origen y la forma de fabricación de cada producto. Para Lily, este aspecto es especialmente relevante en una época donde los consumidores muestran cada vez más interés por conocer el impacto social y ambiental de aquello que compran. “El trabajo artesanal tiene un valor que muchas veces olvidamos. Cuando alguien compra un producto hecho a mano no solo adquiere un objeto; también está apoyando un oficio, una historia y una forma de producción distinta”.
Mientras consolidaba su emprendimiento, Lily continuó desarrollando otra de sus grandes pasiones, el diseño de iluminación. En todos ellos ha mantenido una misma convicción, “la iluminación influye directamente en la calidad de vida de las personas. Muchas veces la gente no es consciente del impacto que tiene la luz en su bienestar. Un cambio tan simple como modificar la temperatura de color puede transformar completamente la percepción de un espacio y el estado de ánimo de quienes lo habitan”. Su interés por esta área nació precisamente durante sus años universitarios. Gracias a la influencia de profesores como Carolina Améstica, comprendió que la iluminación no debía entenderse únicamente desde una perspectiva técnica, sino también emocional y humana. “Desde entonces he desarrollado proyectos que combinan criterios funcionales, eficiencia energética y diseño arquitectónico”.
Uno de los aspectos que más le apasiona es la capacidad de la luz para influir en el comportamiento. La iluminación adecuada puede favorecer la concentración, mejorar el descanso, generar sensaciones de seguridad o potenciar experiencias específicas dentro de un espacio. Como ejemplo, explica que una iluminación excesivamente fría en un dormitorio puede dificultar el descanso al mantener al organismo en estado de alerta. Del mismo modo, espacios de trabajo con iluminación insuficiente pueden provocar fatiga visual y disminuir la productividad. Por eso, cada proyecto comienza con una etapa de análisis. Antes de definir equipos o luminarias, estudia el uso que tendrá el espacio, las actividades que se desarrollarán en él y las necesidades específicas de quienes lo ocuparán. “Siempre hay que entender primero al usuario. La iluminación de un hospital es completamente distinta a la de una vivienda o una tienda comercial. Cada espacio tiene requerimientos específicos y la solución debe responder a ellos”.



Dentro de los numerosos proyectos que ha desarrollado, uno ocupa un lugar especial en su trayectoria, la restauración lumínica de la Iglesia del Perpetuo Socorro de Temuco. La intervención buscó resaltar los atributos arquitectónicos del edificio y, al mismo tiempo, respetar su valor histórico, cultural y patrimonial. Fue un trabajo especialmente desafiante debido al fuerte componente simbólico que posee la iluminación en los espacios religiosos. “La luz tiene un significado muy profundo en este tipo de construcciones. No solo ilumina; también transmite espiritualidad, realza elementos arquitectónicos y ayuda a construir una experiencia para quienes visitan el lugar”.
Su forma de trabajar refleja claramente el sello que reconoce en su formación en la Universidad del Desarrollo. Una Universidad que, según señala, no solo le entregó conocimientos técnicos, sino también una manera particular de enfrentar los desafíos profesionales. “La UDD me enseñó a buscar la excelencia, a trabajar de manera interdisciplinaria y a entender que el diseño tiene un impacto real en la vida de las personas. Son aprendizajes que me acompañan hasta hoy”.
Entre sus metas futuras destaca una que ha mantenido durante años, incorporarse a la docencia universitaria. Transmitir conocimientos, compartir experiencias y acompañar la formación de nuevas generaciones es un desafío que espera concretar próximamente. “Siempre he admirado a los profesores que marcaron mi formación. Me gustaría poder generar ese mismo impacto en otros estudiantes y aportar desde mi experiencia profesional”.

Su paso por la universidad estuvo marcado por el esfuerzo académico y la excelencia. En 2013 recibió el premio al Mejor Alumno de la carrera, mención Espacios y Objetos, reconocimiento que reflejaba su compromiso con el diseño y la calidad de su trabajo. Años más tarde, en 2025, su trayectoria profesional sería nuevamente reconocida por la Universidad del Desarrollo, esta vez con el reconocimiento Trayectoria Alumni UDD, destacando un recorrido en el que ha sabido integrar su formación en diseño con la innovación, el emprendimiento y el desarrollo de proyectos orientados a mejorar la calidad de vida de las personas.
Lily destaca la influencia de los profesores que marcaron profundamente su formación. Entre ellos recuerda con especial cariño a Carolina Améstica, docente de iluminación y una de las personas que despertó su interés por esta especialidad. “Fue una gran profesora, colega y amiga. Aprendí muchísimo de ella y tuve la oportunidad de trabajar juntas en varios proyectos. Su pasión por la iluminación me mostró una dimensión fascinante del diseño que terminó convirtiéndose en una parte muy importante de mi carrera profesional”.
Entrevista: Realizada por Periodista Verónica Cid Albornoz
Edición: Alumni UDD
Fotografías: Enviadas por la entrevistada – material de dirección Alumni UD